sábado, 10 de noviembre de 2018

 Seguimos publicando los cuentos participantes en el III Concurso de Cuentos de la Asociación Escuela Benaiges.








Título: Otra manera de enseñar
Autora; Vanesa Albelairas Calvo




Otra manera de enseñar.

La historia que os voy a contar sucedió en un pueblo situado en la Comarca de la Bureba en Burgos. Bañuelos, así se llama este pueblo, está al borde de una ladera, rodeado por un arroyo, sus campos tornan de ocres a verdes. Sus casas se disponen alrededor de una plaza, en este pueblo no faltaban en aquellos tiempos una iglesia, una escuela y el ayuntamiento.

La gente se dedicaba a la agricultura y a la ganadería, las economías eran pequeñas y la población trabajaba de sol a sol, todas las manos eran necesarias aun así los niños acudían a la escuela, una escuela dura, donde la enseñanza era rígida, no era mixta, y difería mucho respecto a las actuales, tenía una o dos clases en las que se mezclaban alumnos de todas las edades, solo se contaba con un maestro (el cura o cualquier persona instruida formada en la escuela de magisterio durante tres años), las clases eran frías, destartaladas y como único mobiliario disponían de pupitres de madera, una o dos pizarras, un atril para el docente, una estufa de carbón o de leña como calefacción.

El material didáctico era escaso y se limitaba a un pequeño libro para todas las asignaturas, adquirido o heredado, un mapa geográfico en la pared del aula, plumas de tintero y pizarrines.

La educación básica duraba hasta los once o doce años y en la mayoría de los casos se marchaban antes a trabajar al campo o a las casas. El último mes de curso los inspectores acudían a evaluar los resultados de los alumnos, donde se valoraba más que lo aprendido la disciplina.

Por encima de las circunstancias los niños eran muy felices jugando en su bonito pueblo, corriendo por las laderas y bañándose al aire libre, el tiempo fue pasando y su viejo maestro se jubiló.

Al poco llegó al pueblo un nuevo maestro, era joven, y la primera impresión que le causó la escuela fue de tristeza, los niños no tenían mucho interés en ésta, los padres confiaban poco o nada en la enseñanza, simplemente se conformaban con que supieran leer, escribir y unas pocas cuentas.

El maestro era natural de Tarragona, se llamaba Antonio, traía un nuevo método de enseñanza basado en imprimir las ideas que los alumnos aportaban.

En el primer encuentro de Antonio con los alumnos, estos se sorprendieron que su nuevo profesor fuera tan joven, poco a poco fue presentándose a todos, los cuales le miraban sorprendidos porque parecía distinto a lo que ellos conocían, era diferente por su manera de hablar, expresarse y por su moderna apariencia.

Comenzó a explicar las nuevas ideas sobre las que trabajarían en la escuela.

En la primera clase el maestro sacó de su bolsillo un tubito con un líquido en su interior y lo colocó en la ventana, los niños le miraban atónitos pues no sabían que estaba haciendo, después les explicó que era un termómetro que él había comprado para ellos, para que servía y que a partir de ese día tenían que comprobar la temperatura y apuntarla al entrar y salir de clase lo cual les suscitó una gran emoción.

Otro día estaban hablando de geografía y el maestro les explicaba, todo lo que la componía: la tierra, los ríos, las montañas, los lagos, el mar etc., al oír la palabra mar le preguntaron que era.
¡Vamos a salir de clase ya que está el cielo despejado!, les dijo.

Y se fueron a un campo cercano y mirando para el cielo les preguntó que como sería el mar para ellos, los niños se preguntaban unos a otros ya que nunca lo habían visto.

¡Será muy grande!, dijo uno de los chicos.
¡Con mucha agua!, dijo el segundo.
¡Será muy hondo!, dijo otro.
¡Tendrá muchos peces!, dijeron dos hermanos.
¡Se parecerá al cielo azul que vemos!, dijo con timidez el más pequeño de la clase.

Finalmente, el profesor les dijo juntáis todo lo que decís y ahí tenéis la respuesta.

Las clases seguían y los niños cada día cogían más confianza, un día Félix que era hijo de un pastor del pueblo al que acompañaba muchas veces con el rebaño, trajo a clase una armónica heredada de su abuelo la cual le gustaba tocar imitando el sonido de los pájaros. Antonio enseguida vio una oportunidad para acercar a sus alumnos a la música, para ello se hizo con un gramófono.

Esta manera de enseñar fue despertando a los niños que cada día aportaban más ideas y vivencias, entonces el profesor les dijo que iban a traer una máquina para imprimir todo lo que se hacía en clase, en unos cuadernillos y al final del curso tener un libro hecho entre todos.

Esta nueva metodología de Antonio fue llegando a las autoridades de la época que no estaban muy de acuerdo en que se cambiaran las normas tradicionales. Los alumnos de Bureba cada día iban más contentos al colegio y sus padres veían que sus hijos cada día aprendían una cosa nueva, lo cual iba fomentando recelo en profesores de pueblos cercanos y en autoridades educativas. El curso fue pasando y pronto llegaron las vacaciones, unos se fueron a ayudar a sus padres a segar, otros con el ganado y en sus ratos libres disfrutaban de sus juegos.
Al llegar otra vez el nuevo curso, llevaron una sorpresa al encontrar una nueva profesora, se preguntaban unos a otros donde estaría Antonio, pronto adivinaron que Antonio no volvería más. La nueva profesora pronto se deshizo de los cuadernillos y volvió al rígido y anterior método didáctico.

Un día en el descanso entre clases se encontraban los niños jugando al frontón, cuando a Félix se le escapó la pelota y al ir a recogerla junto a un árbol, un sonido le dejo quieto, miró a lo alto del árbol y vio un pájaro de brillante plumaje que emitía un sonido familiar, era una canción escuchada por ellos en el gramófono.

Desde ese momento se dio cuenta que el legado y el espíritu de Antonio brillaría para siempre como una luciérnaga en el mes de agosto.

Dedicado a la memoria de Antonio Benaiges y al pueblo Bañuelos de Bureba.





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