jueves, 18 de octubre de 2018

Recibimos un cariñoso correo de nuestros compañeros franceses Amigos de Freinet que este verano se pasaron por la la escuela cargados de regalos para la asociación, nos obsequiaron con varios cuadernillos, publicaciones de su asociación y sobre todo vinieron cargados de cariño y simpatía como lo llevan haciendo hace ya varios años, esperemos que el próximo año, podamos recibirles ya con la escuela terminada.


lunes, 15 de octubre de 2018

El próximo día 27 de octubre a las 12 horas, entregaremos los premios del III Concurso de cuentos de la Asociación Escuela Benaiges, el acto tendrá lugar en la sede de la asociación, Bañuelos de Bureba, C/ Mayor S/N, Escuela Pública.

Publicaremos todos los trabajos que se han presentado al concurso en este blog, comenzando por los ganadores, ya que el primer premio ha sido compartido por los trabajos: "Mi Cuaderno, 1936-2018" y "Yo Calle" 

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 MI CUADERNO 1936-2018 

Autora: Isabel Santidrian



Mi cuaderno, 1936-2018
Cuaderno de Daniel, 1O años
Bañuelos de Bureba, Burgos, 2018

El profesor nos dijo que nos iba a llevar a ver el mar, pero yo ya lo he visto. El verano pasado, en agosto, fuimos con mamá a Torrevieja, a casa de los abuelos. Mi hermana Lara estuvo todo el rato protestando en el coche. Primero se hacía pis y después se mareaba. Mamá paró para ponerle los dibujos en la tablet, y aguantó callada media hora. Voy con Lara a la misma clase, aunque ella tiene 8 años, y nuestro profesor es Manuel. En el pueblo es así, vamos juntos los niños de diferentes edades, así yo ayudo a Lara con las mates, y Marcos, que tiene un año más que yo, me ayuda con el inglés. Cuando llega el buen tiempo, después del comedor, cuidamos del huerto que tenemos en el patio. Se me da genial saber cuáles son las semillas que hay que plantar en cada época del año, y cuidar de los semilleros. En verano, como estamos de vacaciones, lo cuidan los mayores del pueblo, que tienen que trabajar y no van a la playa.

Entiendo mucho mejor el huerto que cuando en ciencias nos explican las placas tectónicas. No entiendo muy bien lo del sistema solar y los planetas.

¿Cómo puede haber tantas cosas ahí fuera, y que la tierra sea tan pequeña? Si fuéramos tan pequeños, ¿no conoceríamos a todos los africanos y a todos los americanos? Me gusta saber sobre los planetas, pero a mí se me dan mejor los huertos, porque los veo y los entiendo, y mi abuelo puede enseñarme, y además, comemos muy rico de lo que nosotros hemos plantado.
En verano, en la playa, también se está muy bien, aunque hay mucha gente. Me gusta jugar con la arena mojada. También me gusta hacer un agujero muy profundo y llenarlo con el cubo para que Lara se bañe. Mamá sólo nos deja bañarnos en el mar con ella o con los abuelos, pero mientras ellos toman el sol, yo juego todo el rato a que las olas no me pillen. Aunque es verdad que me gustaría que el profesor Manuel nos trajera a la playa, para poder jugar con Raúl y con Marcos a buscar conchas bonitas, y a que las olas nos mojen los pies.

Cuaderno de Aurora, 9 años
Burgos, 2018

El profesor nos ha dicho que nos va a llevar a ver el huerto. Dice que los niños de Bañuelos de Bureba plantan semillas, y luego las cuidan y las recolectan. Sería muy divertido tener un huerto en el cole y cuidarle con mis amigas, y luego, poder llevar a casa las verduras y comerlas con papá.

El profe nos ha estado explicando en la pizarra cómo se plantan las cosas. A mí me gustaría plantar fresas, porque me gustan mucho, y también tomates, porque le gustan un montón a papá. Dice que igual el año que viene, si aprendemos con los niños de Bañuelos de Bureba, podemos poner unos semilleros en el patio. Nos ha contado que los semilleros son como macetas muy pequeñas donde se plantan las semillas y se riegan mucho, hasta que se hacen un poco más grandes y más fuertes, y se pueden plantar en la tierra.

Yo con papá alguna vez sí que he plantado en un yogur garbanzos y lentejas, con algodón, y ha crecido la planta, pero la hemos tenido que tirar porque no queríamos una planta de garbanzos.

El profesor ha dicho que todo lo que plantemos, lo repartiríamos y nos lo podríamos llevar a casa. Eso sí que sería guay, y además nos divertiríamos un montón en el cole, y saldríamos de clase, que ahora que hace calor, toda la mañana aquí encerrados es un poco rollo.

Mi asignatura preferida es educación física, porque puedo correr con María y Alicia. Jugamos al escondite inglés y el profesor dice que practicamos la motricidad. Yo no sé qué es eso, pero me gustaría practicar la motricidad más tiempo, o estudiar lengua también en el patio. Una vez la profesora de lengua sí que nos sacó al patio y jugamos a la rayuela, que luego me dijo mi abuela que era una cosa que jugaban ellas de pequeñas en el pueblo, y estudiamos las palabras esdrújulas mientras saltábamos con una piedra. Fue súper divertido, y me acuerdo súper bien de las palabras esdrújulas.

Alguna vez, la profesora de lengua nos ha ayudado a escribirnos cartas con unos niños de Valladolid, ojalá podamos escribirnos cartas también con los niños de Bañuelos de Bureba y podamos preguntarles cuando no sepamos hacer algo del huerto.

Cuaderno de Jacinto, 11 años
Bañuelos de Bureba, Burgos, 1936

El maestro nos dijo que nos iba a llevar a ver el mar. Yo nunca lo he visto, pero me lo he imaginado. Hoy en clase, Don Manuel nos ha dicho que lo dibujáramos. Yo lo he dibujado azul, con un poco de verde y un poco de blanco, y me he pintado en medio nadando.

No sé nadar, todavía no me he podido tirar nunca a la poza del río en verano, porque cubre, me tengo que quedar en la orilla pescando cangrejos. Pero seguro que en el mar podría aprender a nadar, porque las olas me ayudarían.

Me ha dicho Vicente que él ha pintado el mar de negro, porque una vez en clase de geografía Don Manuel había dicho que en algún sitio había un mar de color negro. Fermín ha pintado el fondo, con algas y un montón de peces, y hasta un tiburón. También ha pintado un barco hundido. Dice que el fondo está lleno de barcos hundidos que el mar se traga cuando tiene hambre, que se lo ha dicho su padre, y que por eso es mejor el río, que como tiene cangrejos, nunca tiene hambre. Pero el maestro nos ha explicado que el mar también tiene cangrejos, aunque son diferentes que los del río, y que cuando vayamos de excursión al mar podremos ver la diferencia.

Después hemos hecho un mural con todos los dibujos, y cada uno hemos explicado por qué nos gustaría ir a ver el mar. Yo he dicho que me gustaría aprender a nadar y jugar al pilla-pilla en el agua.
Agustín quiere ir a coger agua para su abuela, porque le ha dicho el médico que el agua salada le viene bien para los huesos. Y Fermín quiere ir a investigar los barcos del fondo, que como es el que más aguanta sin respirar debajo del agua, seguro que es el único que llega a ver los barcos.

Mi cuaderno
1936-2018

El profesor nos ha dicho que nos va a llevar a ver el mar.

El mar suena a paz, a muy grande, y huele a boquerones. También suena a risas de niños y de mayores, a palas de madera y perfume de vacaciones. Las olas juegan con tus pies a mojarte. En verano está fresquito y en invierno agitado, impaciente por descubrirnos sus secretos. Se mueve sin tener piernas, pero siempre está ahí, en el mismo sitio, compañero y amigo, observador de las historias que van aconteciendo en el tiempo.

Igual que mi pueblo, que suena a risas, a paz, es fresquito en verano y cálido en invierno. Huele a leña, a río, a huerto, y se escucha grande aunque sea pequeño. Perdura, en el espacio y en el tiempo, inmutable, pidiendo una oportunidad para volver a resurgir de nuevo, para volver a ser amigo y compañero. Como mi pequeña escuela, que siempre estuvo ahí, y mi profesor Manuel, que nos observan cómplices, sabiendo que algún día de verano, retornaremos al pueblo y volveremos a ser niños de nuevo.








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Yo callé
 Autor: Maximino Amez

A madre no le gusta el nuevo maestro. Me dice que en lugar de ir a la escuela mejor ayudaba con el ganado y con las tierras, que no hago más que perder el tiempo, que con lo que hace Don Leandro podría ser ella la maestra. ¡Tanto paseo, tanto paseo!, ¿no conoce el pueblo? No sé a qué viene estar todo el día entrando y saliendo de la escuela, mejor estabas en casa. Total, si tienes suerte te casarás y trabajarás la tierra como tu madre, como la madre de tu madre y así hasta que acababa perdiendo la cuenta de las madres. Dice mi abuelo que desde lo de padre madre es otra, madre está siempre de mal humor: Cualquier día subo a hablar con el maestro y dejas de ir a la escuela. A veces la veo llorando en su habitación mientras mira una foto de padre que guarda en el cajón del armario. Cuando grita yo no digo nada, callo. Mi abuelo sonríe, a él le gusta que le cuente lo que hago en la escuela. Le hablo del nuevo maestro, de los libros y mapas que trajo, le enseño los dibujos que hago y lo que escribo. Un día voy a hablar con el maestro para que le enseñe la imprenta a mi abuelo. Madre se enfada, ¡pero si tu abuelo no sabe leer!, ¿para qué le enseñas la libreta?, ¿eres tonta? Mi abuelo pasa el día en la cocina, sentado en el banco de madera junto a la ventana. Desde allí ve casi todo el pueblo y las montañas que separan Rioseco de Andrade. Apenas habla, se puede pasar horas mirando por la ventana. Yo le pregunto ¿en qué piensas abuelo?, él sonríe. Desde lo de padre no ha vuelto a salir de casa. A mi me gusta ir a la escuela, pensar en las preguntas que nos hace Don Leandro, escuchar las historias que nos cuenta. Me gusta escribir, Don Leandro dice "ahora vamos a dejar volar la imaginación, cerramos los ojos y... empieza el viaje". Un día nos habló del Océano Atlántico, nos enseño un libro en el que venían los peces que vivían allí. En Rioseco no hay peces como aquellos, yo solo vi alguna trucha cuando fuimos al río la semana pasada. Llegué a casa con los zapatos mojados, madre se enfadó mucho. Yo callé, mi abuelo sonrió.

¡Deja a la niña en paz! le dijo a madre. Desde aquel día no volvieron a hablarse.

Hoy, cuando vi a madre entrar en la escuela y hablar con Don Leandro supe que algo malo había pasado. Don Leandro me abrazó y me dijo: vete a casa con tu madre. Mi abuelo se había muerto, madre lo encontró apoyado en la ventana, sentado en el banco como si estuviera mirando sus montañas. En la mano tenía una hoja doblada con dibujos y cosas escritas que no entendí. Madre me la dio, toma, esto debe ser tuyo. Madre se equivoca, no es mía. Yo callé.